Ella dijo, Él dijo: baño de bebé

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Ella dijo

Como padres primerizos, mi marido y yo no teníamos ni idea (¡en realidad no estoy convencida de que eso haya cambiado mucho 8 años después!). Sí, habíamos investigado, leído libros, escuchado el consejo de otros padres y demás, pero básicamente aprendíamos de cero. Del mismo modo, como muchos padres nuevos, vimos nuestro nuevo bulto como una frágil pieza de fina porcelana de hueso, sólo apta para ser manipulada por las manos más delicadas y amables. Nos quedamos en shock cuando llegó el primer baño de nuestra hija.

El acontecimiento tuvo lugar el segundo día de su existencia. Mamá, papá y bebé estábamos en la habitación del hospital. Por la tarde entraron dos matronas y anunciaron que era el momento del primer baño del bebé.

Sabiendo que esto puede sonar poco higiénico -ni que decir tiene que no lo somos-, un pensamiento gritó en mi mente (por suerte no literalmente), “¡¿Qué? ¡¡Ni siquiera ha cumplido dos días completos !!” Exponer su cuerpo al agua parecía estar mal y ser muy prematuro. Pero, no, era la hora del baño.

Las matronas prepararon el baño para bebés (en lo que siempre consideré un lujo, un cuarto de baño en nuestra habitación privada del hospital) y me explicaron que nos enseñarían cómo bañar a un bebé. Lo que siguió ha quedado implantado claramente en mi cerebro. Creyendo que nuestro bebé sería tratado de la misma forma en que se haría con una mariposa, me esperaba un shock. En un abrir y cerrar de ojos le quitaron la ropa y se la llevaron como si fuera un saco de patatas y la colocaron (bueno, la dejaron caer) en la bañera. La limpieza conllevaba mover al bebé de cualquier forma inconcebible que pudiera enorgullecer a un maestro de yoga, mientras la matrona nos mostraba qué hacer, de manera profesional y experta.

Las posiciones en las que pusieron a nuestra hija fueron impresionantes y, para unos padres primerizos, aterradoras de ver al mismo tiempo.

En un momento dado mi marido y yo nos miramos horrorizados, pero sin saber si debíamos intervenir o si se trataba de un procedimiento estándar.

En cuestión de minutos la terrible experiencia (para los padres, no para el bebé) terminó, y nuestra hija regresó a nosotros de la misma manera que antes del baño, pero más limpia. Padres e hija habíamos sobrevivido, aunque estoy segura de que unas cuantas canas brotaron en mi cabeza durante la experiencia.

Marido y yo, por supuesto, habíamos sido como muchos padres nuevos y, bueno, ignorantes. Como mencioné al principio, no teníamos idea, y simplemente no nos dábamos cuenta de lo robustos que son los bebés.

Así que, si algún padre inminente está leyendo esto, cuando se trate del primer baño de su bebé, si la matrona manipula a su bebé como introduciría la ropa en la lavadora, no se preocupe, su bebé está realmente en muy buenas manos.

Es posible que mi esposo y yo hubiéramos quedado mentalmente traumatizados por el evento, pero, felizmente, nuestra hija estaba visiblemente indemne y, a día de hoy, adora la hora del baño. Algún efecto debió de tener, puesto que se mueve y actúa como un hipopótamo bailarín sin gracia en el agua, tal como lo hizo en su primer baño. ¡¡Pero siempre se divierte!!

Él dijo

Así que pasamos el primer obstáculo del parto, resultando en la incorporación de una pequeña y adorable bebé al mundo. Pasamos el siguiente obstáculo, que fue la primera noche, en la que mi madre, mi hija y yo dormimos relativamente bien (bueno, mamá probablemente se había desmayado, y yo parecido). El siguiente obstáculo fue la limpieza de dicho bebé.

Llaman a la puerta en algún momento del día n.° 2: respondo, esperando que sea otra de las numerosas pruebas que le hacían al bebé (muestras de sangre, controles de respiración, etc.) o, si tengo mucha suerte, comida (la gente se queja de la comida de hospital, pero el pollo me pareció realmente bueno). En cambio, una enfermera que parecía matrona abrió la puerta. Digo que parecía matrona porque me recordaba a una de esas enfermeras mayores que ves en las comedias británicas de los 70 sobre médicos y hospitales. Con la voz aguda y el desprecio general hacia cualquiera que no sea una matrona. Probablemente incluso hacia una matrona.

“¿Necesitáis ayuda para lavar al bebé?”, exigió (probablemente pretendía ser una pregunta, pero pensé que cualquier cosa excepto “sí” probablemente me habría llevado a ser expulsado físicamente de la habitación. Y no a través de la puerta. De hecho, estoy bastante seguro de que estuvo examinando la pared a su izquierda para ver si serviría).

“Eeeh, ¡sí!” respondí. Estoy bastante seguro de una breve mirada de decepción y un último vistazo a la pared de la izquierda antes de entrar en la habitación.

“Vale, traed al bebé al baño”, exigió.  Pidió.  Probablemente son lo mismo para ella. Esposa me pasó al bebé. La llevé al baño sin estar seguro de cuál sería el siguiente paso.

“¡Dadme el bebé!”, Pidió. “Err, OK”, dije, e hice lo que se me ordenó – ejem, pidió. Entonces, en ese punto, pensé que se sacaría de la manga un juego de toallas, o que sacaría una bañera para bebés de un compartimento secreto del baño, o algo para sostener al bebé. En lugar de eso, con un rápido movimiento puso a Bebé con el estómago hacia abajo sobre la palma de su mano izquierda, con la cabeza de Bebé mirando a su codo. Usando una sola mano.  Sostenía el grifo de la ducha con la otra.

Decir que me sorprendió sería un eufemismo. No escuché nada de Esposa, pero el abyecto silencio del área del baño que había ocupado cuando entramos me hizo pensar que ella había sentido lo mismo. Creo que a la bebé también le sorprendió ver su rostro (la primera vez que vi esa emoción en ella), aunque creo que una sonrisa se dibujó en sus facciones. Creí que podría estar divirtiéndose…

Ok, no es lo que esperábamos, pero Matrona parecía tener experiencia. Aunque estaba empezando a pensar que era experiencia en malabarismos en circo, no en un hospital.

“… y después la laváis aquí…” decía esparciendo agua templada por su espalda.

“… y aquí…” dijo dándola la vuelta (una vez más, estoy bastante seguro de que con una sola mano) y esparciendo agua por su frente.

Silencio desde el espacio ocupado por la esposa. Silencio desde la zona ocupada por mí (aunque podría haberme desmayado). Estoy bastante seguro de haber escuchado la primera risita desde el espacio de los vuelos acrobáticos de Bebé.

“.. y sin olvidar aquí…” otro giro. Creo que Matrona también tenía un par de platos girando en barras cercanas, y podría haber estado montando un monociclo en este punto.

Intenté decir algo, pero todo había acabado antes de ser capaz de hacerlo. Matrona me devolvió el bebé. Esposa me arrebató al bebé y empezó a acunarla para salvarle la vida. Matrona, con el trabajo hecho, sonrió y dejó la habitación.

Silencio en la habitación (aparte de, quizás, alguna otra risita del bebé). No estoy seguro de si abandonamos las posiciones asignadas hasta un rato después.

“¿Qué ha pasado?”, preguntó Esposa.

“Tengo que aprender a hacer malabares”, respondí.

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