Fortalece a tu hijo

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A todos nos ha pasado que algún día nuestro hijo/a ha llegado cabizbajo a casa por haber tenido un problema con un compañero. Tras contarnos los motivos que han provocado la pelea con su amigo, nuestra primera reacción es querer llamar a los padres del niño para asegurarnos de que lo regañen y que no se vuelva a repetir. ¿Pero realmente es lo más sensato? En muchas ocasiones lo que puede suceder es que los padres del amigo de nuestro hijo/a se ofendan, como si se estuviera acusando a su hijo de ser un abusón, por lo que termina en una disputa entre adultos en lugar de entre niños.

En vez de querer solucionar las discusiones de nuestros hijos, es más recomendable dejarles solucionarlas por ellos mismos, ya que aprenderán valiosas herramientas vitales, como la resolución de conflictos o el desarrollo de las habilidades sociales. No debemos olvidar que los desencuentros forman parte de nuestras vidas, y no vamos a estar presentes siempre para resolver sus problemas. Por ello, si queremos que nuestros hijos sean capaces de defender sus derechos por sí mismos en el colegio, el trabajo o en relaciones futuras, nuestros hijos deben aprender primero a desarrollar todas estas habilidades. Es precisamente gracias a estos desacuerdos donde aprenderán a hacerlo, descubriendo que cada persona reacciona de una manera diferente, y que según cómo nos expresemos, habrá unas consecuencias u otras. Además, si en vez de permitirles practicar estas habilidades lo hacemos nosotros por ellos, seguirán sintiéndose incómodos en futuros desacuerdos, esperando a que otras personas intervengan por ellos. Esto indudablemente afectará a su autoestima al percibirse como personas dependientes e incompetentes. Por lo tanto, ¿qué podemos hacer para ayudarlos en estas situaciones?

El primer paso es escuchar a nuestros hijos. Esto, aunque parezca evidente, no sólo implica asentir y validar sus sentimientos, también conlleva entender qué es lo que realmente les ha molestado. En muchas ocasiones resulta que lo que a nuestro parecer es lo más ofensivo, no es lo que realmente les ha hecho sentir mal a ellos. Por ejemplo, si vuestro hijo os cuenta que le ofreció jugar a un amigo a un juego que se acababa de inventar, y que éste lo rechazó y se fue a jugar con otro niño, lo que desde nuestro punto de vista puede ser ofensivo (que prefiera jugar con otro niño) quizás no sea lo que le realmente hirió a nuestro hijo (el no haberse interesado por el juego que se acababa de inventar).

Después de escucharlo, el siguiente paso es promover que entienda el punto de vista de su amigo. Preguntadle por qué cree que su amigo se está comportando de esa manera, o qué es lo que puede haberle molestado a él. Asimismo, planteadle si recuerda algún momento donde él se haya sentido de la misma forma, fomentado así que sea empático.

Por último, ayudad a vuestro hijo a que busque una solución basada en el respeto mutuo. Aquí es muy importante enseñar a vuestro hijo a ser flexible y diplomático. La mayoría de las veces, la mejor alternativa es proponer un compromiso donde ambos niños tengan que ceder en algo para que los dos estén contentos. Otras veces, si es una situación donde vuestro hijo está dolido por algo que le haya dicho o hecho su amigo, quizás la solución sea tan sencilla como ayudarle a expresar sus sentimientos, ensayando cómo le dirá a su amigo cómo se ha sentido sin ponerse a la defensiva. No obstante, hay que tener en cuenta que también habrá algunas ocasiones donde haya que enseñar a vuestro hijo a admitir sus errores, enseñándole por tanto a pedir disculpas a su amigo. Esta herramienta será tan valiosa, o incluso más, que las demás.

En conclusión, a pesar de que como padres pueda ser muy difícil no involucrarnos demasiado en los desencuentros de nuestros hijos, es esencial que aprendan a manejar estas situaciones por ellos mismos, ya que si no, les estamos quitando la oportunidad de experimentar la sensación tan gratificante de haber resuelto un conflicto y la alegría que se siente al hacer las paces con un amigo.

En definitiva, y tal y como explicó Carl Whitaker: “Los conflictos deberían de considerarse fertilizantes para la vida porque, aunque no sean agradables, son indispensables para conseguir un crecimiento óptimo”.

Miriam Mower. Sinews Company http://www.sinews.es/es/

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