Diversión con Epidural – Ella Dijo El Dijo #3

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Lighthearted parenting memories by two British expats based in Madrid.

DIVERSIÓN CON EPIDURAL

Ella Dijo

Hola a todos. Pido disculpas, ya que este capítulo del blog ha estado en mi cabeza durante un tiempo pero no he tenido tiempo de acercarme al teclado. Nos mudamos de casa y parece haber un interminable suministro de cajas por desembalar y, además, las vacaciones. De cualquier modo, estoy encontrando finalmente momentos para compartir mi experiencia epidural con vosotros.

En algún punto del embarazo el tema de alivio del dolor se discutió. Admito que, aunque tengo tolerancia al dolor, mi punto de vista tira hacia: “¿Por qué sufrir? ¡Dadme drogas!” Padezco migrañas y, al menor indicio de que empiezan, extiendo la mano hacia mi maravillosa medicación inductora del sueño (cuando conduzco no, claro). Tuve también dos operaciones de cadera en el pasado, y la morfina fue algo caído del cielo. Algunas personas pueden preferir el enfoque holístico, pero admito que yo tiro más hacia la solución química (todo legal y completamente recetado). Así que, cuando discutimos si el alivio del dolor era algo a considerar, no necesité considerarlo y simplemente marqué la casilla con un largo tick de “sí, por favor, denme todo”.

Como consecuencia, en algún punto de la noche de parto me preguntaron si aún quería la epidural. Creo que contesté antes incluso de que el médico hubo terminado la pregunta. Me aconsejaron ir al baño y limpiar mi sistema si podía (no creo que necesite explicar más, ¿verdad?) ya que no podría salir de la cama después de la epidural.

Un rato después llegó un puñado de médicos y mi marido fue debidamente expulsado de la habitación. Una pregunta, ¿por qué pasa esto cuando ponen la epidural? ¿Razones de salud y seguridad o es que no quieren testigos si algo va mal?

De cualquier modo, unos pocos incómodos intentos después me dijeron que todo había salido bien y que el alivio del dolor llegaría poco después. Mmmm, vale, sí, el alivio del dolor llegó, ¡pero no al lugar apropiado! No, en vez de ir al lugar donde la acción y el subsecuente dolor transcurrían, las drogas tomaron la iniciativa y decidieron que era hora de que mis piernas se tomaran un descanso y durmieran. ¡Literalmente!

Sí, las drogas erraron completamente el tiro, dejándome dos miembros completamente inutilizados como consecuencia. Estaban tan muertas como los dodos. A pesar de todos mis esfuerzos no se movían ni un milímetro. ¡Aquélla fue la vez en que mi marido resultó útil! Cada vez que empezaba a notar las piernas pesadas o incómodas mi marido tenía que moverlas o doblarlas. 

Así que tenía las piernas inútiles sin hacer nada, pero las contracciones se lo estaban pasando en grande y haciéndose famosas. Sentía toda la fuerza de cada una de ellas y, creedme, no era divertido.   

Al final, por supuesto, los efectos desaparecieron -realmente no recuerdo cuándo, pero recuperé el uso total de las piernas.

Me habían advertido de que una posible consecuencia de la epidural son los dolores de cabeza. Madre mía, en eso sí que tenían razón. Dos días después de dar a luz se desarrollaba lentamente un dolor de cabeza.

Recuerdo que en ese punto me llevaron a hacerme una especie de procedimiento epidural inverso. No recuerdo mucho sobre ello, excepto ser transportada en mi camilla durante un rato, entrar en una habitación grande y bastante vacía, tipo teatro, y a los doctores haciendo algo con mi espalda.

Tristemente, no ayudó. Al tercer día tras el nacimiento de mi hija dejamos el hospital. Creo que la mezcla de la fallida epidural, ser madre primeriza que no tiene ni idea, y el estrés de no producir la suficiente leche materna (todas ellas historias para otros capítulos) permitieron a la migraña aparecer y crecer consecuentemente. Lo malo, debido a la lactancia maternal, es que no podia tomar mis tan necesitadas medicinas. No importaba, sin embargo; después de cinco días o asi de dolor continuo, al final se fue (no es de mis recuerdos más felices).

A pesar de todo esto, si me preguntáis si me pondría otra vez la epidural, en caso de que fuera a tener otro hijo… ¡Ya lo creo que sí!

Marido: tus recuerdos, por favor.

Él Dijo

Unas semanas antes de que mi mujer diera a luz discutimos la opción de que le pusieran epidural durante el parto. “¿Cómo? ¿Hay un brote de alguna enfermedad? ¿Aquí?”, dije. “No.¡Epidural, no epidemia!”, respondió ella. “Oh”, dije.

Cuando terminaron las bromas, le dije que no era mala idea y que deberíamos gestionarlo. Pero después de otros 10 minutos de reflexión ella sintió que era mala idea. “Muchas mujeres dan a luz sin medicinas, en bañeras o de pie. No necesito epidural”. Muy bien.

Avance rápido de tres semanas: “¡Dame esa p*&@%#%a aguja!”, solicitó mi mujer al médico de guardia mientras estaba en la cama del hospital (podéis sustituir “p*&@%#%a” por lo que os dé la gana). Llamadlo sentido arácnido, pero tuve la clara sensación de que sentía algo de dolor. ‘She needs an epitome.’, le aclaré al doctor. El doctor parecía confuso. Debía de ser mi mal español. “’¡EPIDURAL!”, gritó mi esposa, como forma de clarificar la discusión. Reforzó su frase de una palabra con el simple gesto de incorporarse en la cama y mirarnos fijamente al doctor y a mí. “¡Vale!”, respondí alegremente. Ella no parecía muy alegre, sin embargo.

Así que trajeron un par de impresos para que ella los firmara. Parecían solicitudes de hipoteca, pero leyéndolos tan rápido como pude -mi mujer se estaba poniendo un poco nerviosa- resultaron ser formularios de descargo en caso de accidente. “No estoy seguro de esto”, dije. “Creo que…” fueron las dos últimas palabras que dije antes de que los impresos fueran arrebatados de mis manos por mi esposa, que los firmó todos sin leer. “Estoo… Vale. De acuerdo”, dije.

Poco después me sacaron de la habitación mientras aplicaban la cosa epidérmica.

No estoy muy seguro de por qué me pidieron que dejara la habitación. Debe ser algo cultural español. Quizá no pueda ver el parto, pensé. Pero me llevaron de vuelta adentro no más de 15 minutos después.

“Entonces, ¿funciona?”, pregunté. “Eso creo”, dijo ella. Pero alrededor de media hora después dijo: “No siento las piernas”. Mmmm… No es la primera reacción que habría esperado. Le pregunté si podía moverlas. Podía, un poco, pero cada vez le resultaba más difícil y, al final, imposible. El doctor vino y comprobó los dedos de sus pies, y comprobó que había perdido la sensibilidad. “Esto normalmente no ocurre, pero recuperarás el uso de las piernas cuando desaparezca el efecto de la epidural. Así que en cualquier caso no sentirás mucho dolor mientras des a luz”. Tuvo razón en lo primero (menos mal), pero no en lo segundo. Ella sentía bastante dolor, puedo afirmarlo. Mi mano izquierda tuvo profundas marcas de uñas donde ella la agarraba. “¡Lo estás haciendo bien!”, le dije. “Esa es mi mano de escribir”, me decía mi cabeza.

 Así que la epidural no hizo nada y la esposa tuvo que afrontar cuatro horas más de dolor antes de que nuestra hija finalmente saliera. Después nos llevaron rápidamente a la habitación del hospital donde la esposa, el bebé y yo íbamos a permanecer. Un día después o así otro especialista viene de visita a la habitación de mi esposa a preguntar sobre la epidural y, después de escuchar las evidencias, cree que la aguja no llegó a la capa correcta de la columna, donde están los nervios, sino a la capa de encima. Más tarde se la llevan, ese mismo día, para hacerle una operación de seguimiento y comprobar si hay más problemas, pero no se encontró nada. Al final sus piernas recuperaron la sensibilidad (qué alivio), y finalmente nos dieron el alta.

No estoy seguro de cuál es la moraleja. ¿No te pongas epidural? ¿Ponte la epidural? ¿Ponte la epidural pero asegúrate de que los médicos conocen el camino a la médula espinal? ¿Aprende a deletrear “epidural”? Nunca lo sabremos.

Blog creado por Judith Mason y su marido.

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