Yo duermo con mama y papa

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En los primeros años de los niños, las figuras de papá y mamá dan confianza, seguridad y es por eso por lo que los niños os buscarán tanto de día como de noche.

Tienen miedo a la oscuridad o a estar solos o no quieren separarse de vosotros y la cama grande les tranquiliza pero no es el lugar adecuado y siempre podemos ofrecerles otras alternativas.

La hora de dormir es entendida por ellos como la hora de separarse de los padres, de sus hermanos, de sus juguetes, y de todo lo que podrían estar haciendo.

El sueño también es un hábito muy necesario, que entra en la vida del niño y que, como todo lo demás, debe ser bien orientado desde el principio. Requiere un aprendizaje y respetar un horario, así como unas condiciones favorables. Lo aconsejable es que alrededor de los seis meses como tarde, el niño ya esté durmiendo solo o con sus hermanos. Para ellos eso significa dar un paso hacia la autonomía y para vosotros los padres es recuperar la intimidad. En la dinámica de cada familia se dan diversas situaciones pero ceder ante sus peticiones suele provocar por lo general que los padres acabéis durmiendo en otra habitación o que las madres acabéis exhaustas.

Es importante comprender que los niños se comportan mejor cuando identifican un modelo en el que pueden confiar. Enseñarles a dormir siempre a la misma hora, en su camita, con un muñeco blandito o sin éste, les ayuda a entender lo que se espera de ellos. Entre el baño, los mimos, lavarse los dientes, el cuento y la música tranquila y lo que se os ocurra, el niño seguramente conciliará el sueño más tranquilamente.

“¿Puedo dormir con vosotros?”

Que los niños os lo pidan, entra dentro de lo normal. Ellos van a probar hasta donde pueden llegar y nosotros como adultos debemos poner los limites. Los niños no los van a poner por sí mismos, al menos hasta que no sean más mayores. En la separación al dormir también se establece cómo será el vínculo en sus relaciones futuras y éste no será seguro si sólo puede dormirse si os tiene a su lado.

¿Por qué lo hacen los padres?

Cierto es que si casi todos los niños han sentido en alguna ocasión la necesidad de dormir con sus padres, también casi todos los padres han experimentado alguna vez el deseo de compartir la cama con sus hijos. Es un sentimiento casi universal y su práctica puede estar justificada esporádicamente, por ejemplo, cuando el pequeño está malito. En ocasiones es más comodo para vosotros para no tener que estaros levantando cada vez que os llaman, pero además es necesario que penséis en las consecuencias que puede traer con el paso del tiempo y es que esa conducta se mantenga y no pueda cambiarse sin sobresaltos en la familia.

¿Por qué no es conveniente dormir todos juntos?

Por la necesidad de un buen descanso para toda la familia. Estar apretados hace que vosotros los padres no os relajéis por miedo de golpear o aplastar al pequeño, generando así contracturas musculares y sueño entrecortado.

Por otro lado es preciso desarrollar la vivencia de intimidad desde una edad temprana. Cada uno debe tener su espacio y la co-habitación no sólo hace perder a la pareja su privacidad sino que dificulta al niño el aprendizaje de la misma y el poder diferenciar el propio cuerpo y sus espacios del vuestro.

Esto puede hacer que el niño o niña no desarrolle su individualidad ni la seguridad en sí mismo, siendo así un niño dependiente e inseguro.

“¿Qué hacer entonces?”

Cuando el bebé llora, y no sabe expresar por qué se altera su sueño, debéis indagar primero la causa y si ésta existe, intentad corregirla como pudiera ser cambiándole el pañal o dándole el biberón si tuviese hambre o una caricia para tranquilizarle. Lo menos aconsejable es llevarle a vuestra cama para que se calle y os deje dormir. Es muy probable que acabe convirtiéndose en una costumbre por ambas partes.

Alrededor de los tres años llegan las pesadillas y los terrores nocturnos. Esto forma parte de su paulatino descubrimiento del mundo y de su maduración emocional, no se debe infravalorar el sufrimiento que manifiestan. Es necesario escucharle, tranquilizarle, hacer que se sienta comprendido y apoyado, pero mostrar firmeza para que siga durmiendo en su cama. Escuchar al niño e indagar la causa es la primera actitud que debemos adoptar los adultos ante estas situaciones.

Es importante conocer que las situaciones que se dan durante el día también favorecerán conductas más o menos autónomas en la noche. Las conductas “sobreprotectoras” o los sentimientos de miedo y ansiedad generan un efecto de contagio. Si durante el día experimentó esas emociones, los niños perciben la tensión y la manifiestan de noche cuando están solos.

A modo de conclusiones…

El niño debe tener su propio espacio vital también para dormir y descansar. Necesita ciertas condiciones de aislamiento, lumínicas, térmicas y acústicas que le ayuden a conciliar el sueño.

Es aconsejable que alrededor del sexto mes duerma en su cuna y fuera de vuestra habitación.

Para que el niño no se acostumbre a dormir en vuestra cama es necesario llevarle de vuelta a la suya cama cuantas veces sea necesario, sin hablar ni discutir.

Los niños deben vivir su dormitorio como un lugar seguro y para ello les podéis acompañar un ratito al lado de su cama para que concilien el sueño o darle la opción de que elijan un juguete especial (adecuado para la hora de dormir) como compañero que será depositario de sus temores e inquietudes.

Nuestra actitud firme es fundamental para favorecer la separación nocturna. Aunque sea más incómodo para vosotros, a los niños les da una mejor organización ya que si algunas noches les permitís pasar a vuestra cama y otras no, el mensaje será confuso, arbitrario.

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